Novela Medieval Capitulo 5

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Anabella sentía como si estuviera en una nube, esponjosa y suave, la brisa estaba encantadora para el calor que sentía, pero tenía que abrir los ojos, aquello era toda una mentira que su mente había producido en aquel momento de descanso.

     Sus ojos los sentía pesados pero eso no evito levantarse abriendo sus ojos que palpitaban para cerrarse nuevamente pero su convicción fue más fuerte que su cansancio, pues tenía que ingeniárselas para escapar pero enseguida pierde las esperanzas al ver en la ventana a lo lejos soldados rodeando el casillo.

     Se sorprendió, al instante se cayó al suelo con la esperanza de que no la vieran pero no fue el efecto que se imaginaba. Ninguno se movió por lo cual no era a ella a la que estaban a punto de atacar, fue gateando hasta la ventana para mirar con mejor nitidez lo que hacían pero solo se mantenían unos al lado de otros, en fila recta, mirando fijamente un punto, el cual ella no detenía. Dejo de impórtale pues sabía que no era con ella miro su habitación para ver si no estaba siendo vigilada encontrándose con la nada, se sintió mejor al ver que estaba sola.

     Miro el suelo un rato tratando de pensar que aria para escapar, hacer lo de la sabanas como cuerda para bajar por la ventana no era una opción, por la puerta tampoco, era de un material casi impenetrable y como ella no era para nada fuerte, lo descarto enseguida, al instante recordó que no había detallado bien el baño y corrió lo más rápido que podía con el vestido.

     Solo había una ventana pero era pequeña, podría salir en ella si le quitara las rejillas, el dilema era ¿Cómo quitaría las rejas? camino en el baño dando vueltas y vueltas para pensar hasta que una piedra sonó, en eso paso a otra piedra y luego a otra, unas cuantas sonaban huecas. Fue a la cama donde se encontraba aquel banquete y agarro una cucharilla de plata.

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  • ¿Tienes hambre princesa?- pregunto Walter apenas entrando a la habitación, Anabella como reflejo oculto asustada la cucharilla en la espalda- aunque ocultes cubiertos no te quitan las ganas de comer, así que come con confianza mira que si te pasa algo me matan- admitió el mientras se sentaba y abría uno de los libros que se encontraba en un escritorio que proporcionaron cuando ella estaba durmiendo y se dispuso a leer lentamente en un sillón que se encontraba al lado de la gran cama.
  • Me alegra saber eso- dijo ella con una sonrisa, en solo pensar que si lograba escapar al príncipe engreído lo matarían y no volvería a ver jamás. Walter cerró con un bostezo el libro y se levanta algo cansado.
  • Mira, sé que no te caigo bien y tú a mí tampoco pero tratemos de llevarnos bien, al menos en lo poco que te queda de vida, es triste cuando uno muere y sus últimos recuerdos han sido malos.
  • Qué raro, desde cuándo tan preocupado por mis últimos momentos de vida- dijo ella recorriéndole un escalofrío en toda su espalda, en solo pensar que iba a morir y que se lo admitieran era completamente difícil.

     Walter no contesto pues de verdad no sabía el por qué quería darles momentos menos traumantés pero tampoco podía decirle que si le pasaba algo recibiría una reprimenda y ya no soportaba el dolor de los latigazos que le había propinado su padre por lo del baño accidental. No hablo más y se sentó adolorido, no quería discutir, incluso hablar le dolía.

     Anabella lo vio algo extraño, ella miro la comida y de verdad no le vendría mal comer aunque sea una manzana, agarro una naranja y se sentó para pelarlo, Walter ni le miro, se concentró en el libro y ella le invadió la curiosidad, se acercó poco a poco a ver qué se trataba lo que estaba leyendo, Walter la ve extrañado por la cercanía, inclusive podía sentir su respiración en la oreja y su aroma a flores silvestres, se preguntaba si ese era su aroma  natural o de alguna colonia que le había ofrecido, a la vez le causaba algo de risa la expresión de la chica.

  • ¿Qué?- pregunto él.
  • ¿Qué lees?- pregunto ella, le encantaba la literatura, era uno de sus pasatiempos favoritos.
  • Los misterios de los reinos, nunca la termine de leer- respondió él aunque no sabía porque le había dicho algo más que el nombre del libro, es como si estuviera siendo obligado a responderle.

     Ella no respondió, se alejó un poco pero en aquel movimiento había dejado la cucharilla debajo de la silla en la que se encontraba Walter, agarro su plato y empezó a comer con elegancia, así como la reina le había educado por años, además de que no podía manchar el nombre de la princesa, miro un rato la ventana y el día estaba encantador, soleado y con nubes, el viento soplaba frágilmente a los árboles.

     Añoraba sentir el sol quemándole la piel- aunque no tanto eso ya que no le gustaba, sentir la brisa en sus poros, correr, sudar, todo. Recordaba aquellos días de campo, aquellas horas del té brindándole un aliento de tranquilidad, abrió los ojos una vez más.

  • Me dijiste que podía pedir lo que quisiera ¿no?- pregunto aun con la mirada pegada a la ventana.
  • Umm… no con esas palabras exactamente pero si, más o menos esa es la idea- respondió Walter con la mirada aun en el libro.
  • Quiero que me saques para la hora de la merienda, acompañado con un té ¿entendido?
  • ¿Qué crees que soy? No soy tu sirviente- reclamo él enojado, nadie le había mandado como ella lo hacía.
  • Sigue ordenes es lo que es- dijo ella con autoridad y señalándolo con el tenedor.
  • Eres imposible- refunfuño él mientras salía de la habitación.

     Agarra la cucharilla rápidamente y entra al baño, quería empezar con la excavación pero sabía que el príncipe no tardaría en darle un susto apareciendo de la nada en su prisión. Miro la silla pensando que estaría allí cuando menos se lo esperaba pero no, en su lugar estaba el libro, ella no lo había leído pero tenía el tiempo reducido, así q busco detrás de la gran bañera y escondió su utensilio de escape, de manera que nadie lo viera, despreocupada agarro el libro y lo pensó dos veces antes de sentarse en el mismo asiento que su anfitrión, miro pequeñas gotas de sangre, ella pensó que era posiblemente una silla donde recurrían a hacer torturas a sus prisioneros. Al fin procedió a sentarse a la orilla de la cama a leer su nuevo tesoro.

***

     Walter estaba que tiraba la toalla, detestaba recibir órdenes, claro, recibía de su padre porque no tenía de otra, pero esa chica que no representaba nada para él le manda como si fuera su sirviente. Debía de detenerla, él era el que mandaba y según las posiciones, ella no tenía poder sobre él o al menos eso creía.

  • Mucama, prepara todo para una merienda en el jardín- ordeno a una de las sirvientas, era una chica asiática, de piel blanca y ojos negros- se me olvidaba, de bebida sirve té- se iba a retirar cuando la mucama le interrumpió.
  • Disculpe majestad, ¿te verde o negro?- pregunta ella.
  • Cualquiera.

     Se marchó, tenía que regresar a monitorear lo que hacia la chica que más le irritaba, no la soportaba pero después de todo, solo tenía que cuidarla y darle todo lo necesario para ella, aunque en aquellos momentos parecía que le estuviera complaciendo un capricho.

***

     Zulema busco lo que el príncipe le había ordenado, no obstante, no le cabía en la cabeza que él tuviera ganas de salir, hacía mucho tiempo que había dejado de gustarle el jardín. Por otra parte estaba ilusionada, que le pidiera aquel favor a ella y no a otra mucama era un aviso indirecto de que quería pasar tiempo con ella.

Era raro pero no imposible, después de todo ya se habían acostado juntos unas cuantas veces, ella quería volver a sentir a su príncipe, que la dominara con aquel encanto y fiereza, no sabía si era masoquismo pero le encantaba.

     Hizo todos los preparativos, cocino y preparo varios postres que le encantaban al príncipe y a ella, estaba más que contenta en realizar su trabajo, al fin tendría una cita con su príncipe, su amor platonico.

     Ya estaba todo listo, algo tarde pero seguro, todo había oscurecido, pero eso no evitaba que se volviera aún más romántica la escena, una merienda en la oscuridad de la noche, arropados por la luz de la luna, de solo pensarlo se le ponía la piel de gallina. Entusiasmada camina hacia la habitación en que duraba día y noche entrando. Se encontraba al frente de la puerta, respiro profundamente con el corazón palpitando a mil, toco la puerta.

     Abrió la puerta y encontró a una chica tan pálida como la nieve, de cabello rubio rojizo, labios rojos y ojos verdes sentada a un borde de la cama, el cuerpo era como la de una modelo, parecía un hada celestial.

  • ¿está todo listo?- pregunto Walter que se encontraba al lado de la puerta.
  • ¿he? Si mi lord- la chica que parecía un hada se levantó y se le acerco.
  • ¿Qué esperan? Guíenme- la voz melodiosa que emitía la chica habría sido más hermoso si el carácter no la hubiera hecho parecer tan quisquillosa.
  • Por aquí, sígame- respondió la mucama tratando de hacer su trabajo aunque le doliera tanto saber o imaginarse a ellos hacer lo que les diera la gana en aquella habitación.
  • Gracias- dijo la chica y le sorprendió algo a la mucama, a muchos solo dirían que ese era su trabajo desde un principio.

     Apenas saliendo de los pasillos y entrando al pequeño jardín, la luz de la luna cubrió a todos, el césped cabraba vida, y las luciérnagas empezaron a salir dándole vida a todo el lugar. Tanto Zulema como Walter sorprendidos por aquel espectáculo que miraban, nunca había pasado nada similar en aquellas tierras tan insípidas y sin vida.

     La chica empezó a dar vueltas y vueltas alegremente, parecía una ninfa con su danza de la alegría en pleno apogeo.

***

     La libertad, respirar aire limpio y fresco, le encantaba tanto estar afuera, se quitó los zapatos y saltaba dando vueltas en el césped hasta lanzarse como si fuera una niña pequeña. Se levantó hasta quedar sentada mirando el cielo, era como si la conociera desde pequeña, siempre le fascinó la vida estelar.

     Luego miro una mesita donde se encontraba los postres esperándola, junto con Zulema que le pareció algo triste y al vigilante atorrante, Walter, no era mucho pero era con los únicos que podía disfrutar de la merienda o cena. Le hubiera encantado poder disfrutar de aquellos aperitivos con Arthur y darle algo de alegría a su vida.

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Tata-chan

Tata-chan

Amante de los animales y novelas, apasionada con todo lo que hago, Solo soy una persona normal como ustedes que se emociona como una niña cuando de anime se trata. Espero que seamos buenos amigos n_n

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