Novela Medieval Capitulo 3

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     La luz del sol se posaba en el rostro de Anabella despertándola poco a poco de su sueño, miro al niño que estaba viendo por la ventana algo alegre.

  • ¿Qué pasa?- pregunto ella pensando que posiblemente sería un delfín nadando.
  • Ya estamos en tierra firme, llegamos- volteo el niño con una sonrisa feliz de no estar en un lugar con tanta marea.

     La puerta se abrió y tres soldados entraron armados, les pusieron grilletes al niño y a la chica, obligándolos a salir, la luz del sol era insoportable, era temprano y de eso no había duda, Walter se encontraba al frente de toda la tropa guiándolos a todos al castillo. Anabella miro el palacio estremeciéndola de terror, era negro, el pueblo era decadente, los niños trabajaban, las mujeres en harapos y unos que otros estaban desnudos, miraban a la chica rencorosamente algo que le entristeció ¿Qué le hizo ella para que ganara el odio de todos? Ni los conocía.

    Orgullosamente alzo la mirada como toda princesa o al menos así quería aparentar, miro algo sorprendida la entrada del castillo tan grande como un edificio. Pudo notar los murciélagos a los lados de las puertas dándole más escalofríos, se abrieron las grandes puertas, el salón principal era grande y largo que al final se encontraba un asiento con adornos de cristal y metal, justo al estar en frente de aquel trono se detuvieron y dieron una reverencia como si alguien estuviera ahí. Ella no lo entendio y por ese motivo se mantuvo recta ante todos como si fuera el centro de atención algo que le agrado solo un poco.

  • Padre, ella es la princesa Annabella de la casa illuminée- dijo Walter, la chica se sorprendió de que él supiera su nombre, miro alterada a Arthur entendiendo de que el señor le había dicho al príncipe prepotente su identidad.
  • Entiendo ¿y la reina?- resonó en el palacio una voz gruesa pero la chica no sabía de dónde provenía la voz.
  • Prefirió sacrificarse por su reino- confeso su hijo.
  • ¡¿Qué has dicho?!- gritando apareció un hombre detrás de las cortinas que camino a paso veloz hasta quedar frente a frente Walter.
  • Lord Benedict, no es culpa del príncipe, la reina prefirió morir antes de venir y de obligarla se habría matado en el camino- dijo Arthur tratando de defender a su sobrino.
  • No te metas en esto Arthur, yo quería era a la reina especialmente- miro a su hijo y le dio una abofeteada y este se mantuvo en su posición- salgan y me dejan a solas con la princesa.

     Todos salieron de la sombría sala del castillo, temerosos de que los mandaran a aniquilar por desobedecer sus indicaciones, Arthur fue a donde su sobrino preocupado de la situación psicológica que le causaba su padre pero este rechaza su mano ayuda y se larga al campo de entrenamiento para desahogarse, sacar toda la frustración a golpes.

     Anabella sentía temor del hombre que estaba al frente suyo, viéndola de arriba abajo pero ella se mantuvo firme como toda princesa, el rey se aparta y se sienta en el trono con gran orgullo de su posición.

  • Así que eres la princesa ¿sabes dónde la reina ocultaba el tesoro de illuminée?- pregunto el rey viéndola a los ojos. Ella no sabía de qué estaba hablando.
  • ¿Qué es eso?- pregunto ella extrañada.
  • Que princesa más ignorante, la piedra sagrada lunar, a eso me refiero- grito él exasperado y al ver a la chica con la mirada confusa se volvió a calmar y siguió hablando- es una piedra que cayó en sus tierras hace más de una década y es el que ha estado protegiendo a su país.
  • No, no sé en donde lo habrá dejado mi madre- respondió ella aunque no sabía de lo que hablaba, ni siquiera sabía que una piedra sagrada la protegía.
  • Como lo suponía, apartarla de mi vista, trátenla con cuidado, más tarde volveré a interrogarla- ordeno él y unos guardias agarraron a la chica por los codos, subieron por las escaleras luego la llevaron por un extenso pasillo, abrieron una puerta, le quitaron los grilletes y la dejaron encerrada.

     La habitación era grande, la cama también, la ventana era mediana o al menos lo suficiente para observar el sol y a la chica se le ingenio escapar desde allí pero al ver lo alto que era descarto esa posibilidad aunque si la mantenían como su rehén un poco más ella agarraría las sabanas para hacer una cuerda y escapar, fue majestuoso imaginarse hacer eso como toda una profesional pero considerando la poca capacidad física que realiza y que no sabía cuánto tiempo iban a mantenerla con vida renuncio completamente a la idea.

     Toco la puerta pero era muy gruesa, intento salir y nada, se sentó en la cama y trato de calcular bien las cosas, después de todo, a ella se le daba bien analizar. Miro el armario y no se encontraba nada, estaba completamente a la merced de los enemigos.

***

     Jackelyn se había despertado, no sabía cuánto tiempo se había quedado dormida en ese túnel, pero de algo estaba segura y es de que quería salir inmediatamente, no iba a esperar ni un minuto más ya que su reino necesitaba de su ayuda. El olor a agua salada, el sol iluminando el camino, el sol resplandecía tanto que le aturdió la vista por unos instantes hasta que se acostumbró al incandescente sol, miro un buen rato y sus ánimos desaparecieron al instante, estaba en un risco, en el mar habían rocas puntiagudas y las olas eran tan fuertes que no podría nadar en absoluto, era un suicidio completo tirarse a tal altura ¿Cómo se le ocurría a Anabella meterla en un lugar tan asqueroso como un túnel y que al final de ello todo lo que conseguiría es la muerte? ¿No sería lo mismo? Prefería morir en la guerra que en el mar.

     Pero por algo su vasalla la puso en ese camino, tenía que confiar en ella, después de todo, sabia su pasado más que nadie y como había quedado en esa montaña, en ese momento se acordó de los cristales que se encontraban en el mismo lugar que se encontraba Anabella, cristales tan indestructible y protegían mejor que armadura o un escudo, si lograba encontrarlos otra vez los usaría y serian de gran ayuda contra los poseedores del elemento fuego.

    Saco la cabeza para ver si se podía agarrar de alguna piedra o encontraba un camino con ellas y las encontró al lado de la cueva, rasgo su vestido y vendo sus manos con ellas, agarro la piedra y luego la otra llevándola hasta la cima del risco, unas cuantas piedras estaban flojas y estuvo a poco de caer pero llego. Estaba sudada y se limpió, vio el camino que debía recorrer, tenía que pasar el castillo sin ser detectada y estaba al otro lado de la isla, algo difícil pero no imposible si quería recuperar lo que es suyo, al ver lo lejos que estaba no se desanimó, es más agarro fuerza de donde no sabía, tenía para correr hasta su destino.

***

    Arthur se sentía culpable por recordar a la chica mirándole con sus ojos verdes llenos de terror y llorosos cuando descubrió que le había dicho su nombre a su sobrino, él estaba seguro de que iba a llorar, pero nunca paso, pensó que era fuerte a su manera, tal vez no en físico pero si en espíritu, algo que faltaba en su sobrino.

    Walter solo con una abofeteada y un sermón se puso furioso a desatar su ira contra los soldados, Arthur se puso en el lugar de la chica y de verdad que pensó que ella era fuerte, imaginarse enterar de que su madre había muerto, perdió su reino, habían muerto varios de sus seguidores, la humillación que paso cuando uno de los soldados intento violarla  y aún seguía de pie,  orgullosa y con la mirada firme ante el peligro, le admiraba.

     Fue a donde se encontraba su hermano, quería saber el por qué su padre quería desde hace mucho tiempo gobernar a illuminée y ahora él quería hacer lo mismo, estaba por un lado bien por la desgracia de ese reino que le traía tan malos recuerdo pero ahora estaba más intrigado por saber que hay en illuminée para que ellos quisieran tomar el poder.

    Vio a su hermano con los ojos cerrados en el trono, Arthur se acerca para tocarle el hombro y despertarle pero este le agarra la mano con fuerza y abre los ojos con furia.

  • ¿Qué intentabas hacer hermano?- pregunto con la vista puesta en él.
  • Solo quería hablar contigo- respondió Arthur algo atemorizado y  Benedict le soltó.
  • Bien, habla de una vez, tú sabes que soy un hombre muy ocupado.
  • ¿Cuáles son los motivos por la cual hemos estado tantos años tratando de gobernar el reino de illuminée?- el rey se levantó y miro el ventanal.
  • Te lo cuento solo porque eres mi hermano y sé que no me defraudaras… Hace poco mire el diario de nuestro padre, hablo de una piedra preciosa que aparece por medio de una estrella fugaz cada mil años, unas veces fue usada para dominar el mundo y estuvieron a punto de lograrlo, otras solamente lo escondían de personas llenas de codicia para o repetir las guerras…
  • Ya se ese cuento, papá no los contaba todo el tiempo antes de dormir- interrumpió Arthur- esa piedra es difícil de reconocer a menos que estés cerca o en el mismo lugar donde haya caído la estrella, ya que tiene tanto poder puede tomar cualquier forma.
  • Ese es el problema, la última estrella cayó hace años y la que sabía dónde rayos estaba era la reina Elizabeth.

    Arthur hizo recuerdo y si, hubo un acontecimiento igual, había caído una estrella fugaz pero pensaba que era uno normal, no le cabía en la cabeza que fuera tan importante. Recordó que su padre, Lord Cornwallis le mando a la guerra el día siguiente con mucho apuro y ya lo veía raro, por una piedra tan poderosa tubo que perder a su hijo, pero si tenía tanto poder podía recuperarlo, así que se motivó a encontrarlo, tenía ese rayito de esperanza de volver a ver a su hijo, tocarlo, abrazarlo.

  • Lo único que nos queda es la princesa que trajeron, dice que no sabe nada pero prefiero asegurarme, voy a usar a los hermanos Gallástegui- siguió el rey.

    Arthur no le gustaba para nada a esos Gallástegui, eran grandes, panzones y pervertidos, odiaba la idea de que esos dos se metieran con Anabella, pero sabía bien lo que necesitaba, quería ir a por su hijo y si de eso tendría que arriesgar la dignidad de una chica lo aria, después de todo era un pequeño sacrificio que se tendría que pagar para volver a la vida a una persona que tenía un gran futuro.

    Además si así era la única forma de sacarle información no tenia de otra, sabía bien las habilidades de aquellos hermanos para meterse en la mente a las personas y averiguar parte de su historia, algo conveniente y más si la chica no quería hablar.

  • La verdad no me agradan pero si así podemos obtener la piedra, estoy a tu disposición- dijo Arthur.
  • Al fin mi hermano quiere ayudarme…
  • ¿Cuándo vienen los hermanos Gallástegui?- pregunto él algo preocupado y no sabía porque.
  • Están en una misión que les encomendé, como están en el reino terres llegarían a más tardar la próxima semana, por eso la tengo encerrada.

    Encierro y más encierro, se puso en el lugar de la chica y estaba seguro de que tanto el ánimo como su orgullo estarían por los suelos.

  • ¿Quién la cuidara?- pregunto Walter bajando las escaleras mientras les miraba a su tío y su padre.
  • Ya que hiciste una estupidez en la última misión, te encomendare al cuidado de la princesa, creo que eres lo suficientemente capaz de cumplir algo tan simple como eso- impuso el rey satisfecho de darle una abofeteada al ego de su hijo, para él le parecía perfecto humillarlo hasta que aprendiera a seguir las ordenes.
  • ¿Por qué padre?- grito el chico y este es interrumpido por su tío.

    Arthur le toco el hombro, no quería una pelea y menos si sabía que su sobrino iba a perder, estaba seguro que si los dos se enfrentaban, Benedict mataría a su hijo y eso era algo que no quería, tener que perder a otro hijo iba a ser doloroso.

  • Aprende a seguir ordenes- eso fue lo último que dijo el rey a su hijo mientras le daba la espalda y se iba a sus aposentos.

    Walter mira a su tío con rabia y luego se aparta para salir a tomar aire puro, él sabía muy bien que tenía problemas de temperamento, cada vez que se enfurecía se le hace difícil controlar su cuerpo, impulsado por la rabia podía matar sin querer, no sabía qué hacer, ni acostarse con una mujer voluptuosa ni bonita podía tranquilizarlo y sin contar que no le satisfacían por completo, ya no le servía seguir entrando a los prostíbulos y se prometió no volver más, las mujeres le aborrecían y lo único que le calmaba era derramar sangre, no sabía si se estaba volviendo loco o solo se convierte en su padre poco a poco.

  • Tío sé que me seguiste ¿Qué quieres?- pregunto Walter aun mirando el atardecer.
  • Pesaba que querías hablar…- respondió Arthur pero sin recibir ninguna respuesta- míralo por un lado positivo…
  • ¿Cuál?- respondió con un grito su sobrino.
  • Si tu padre está en busca de algo que sabe la chica, te puedes volver algo así como su “amigo” y seguro te contara, si lo logras tu padre te reconocerá, de eso no hay duda- Arthur solo quería ver a su sobrino feliz, aunque sea un rayo de esperanza reflejado en su mirada.
  • ¿estás seguro?- le pregunto Walter ya calmado, el tío asintió la cabeza- está bien, dare todo mi esfuerzo para que mi padre me reconozca.

     Entro con tal ánimo al castillo que era casi un milagro ya que él no le gustaba estar en aquel palacio llenos de malos recuerdos, se detuvo en el último escalón de las escaleras y miro hacia su tío.

  • Gracias- le dijo Walter.

     Su tío no había escuchado desde hace mucho tiempo a su sobrino decirle “gracias” tenía ganas de llorar, este era un rayo de esperanza para él, podía recuperar tanto a su hijo como la generosidad de su sobrino, estaba muy feliz.

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Tata-chan

Tata-chan

Amante de los animales y novelas, apasionada con todo lo que hago, Solo soy una persona normal como ustedes que se emociona como una niña cuando de anime se trata. Espero que seamos buenos amigos n_n

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